viernes, 18 de mayo de 2012

Amazonia

La selva amazónica, cuyo desarrollo tardó más de 22 mil años, es una obra natural de bellezas difícilmente imaginables. Pero lo que más importa resaltar aquí es su importancia ecológica.
Esta selva, en su intercambio de gases con la atmósfera, libera el 50% del oxígeno necesario para la vida de los seres humanos y de las demás especies animales; además es la generadora de las corrientes de calor que, expandiéndose hacia el norte y hacia el sur, consiguen templar el clima del planeta.
En 1982, de un relevamiento de flora y fauna se obtuvieron los siguientes datos: en un espacio de 10 Km2 hay 760 especies de árboles, 125 clases de mamíferos, 400 tipos de aves, 100 de reptiles y 60 de anfibios, entre otras. Por otra parte, el Río Amazonas, de 7 millones de metros de longitud, es el mayor sistema hidrográfico del planeta: contiene las dos terceras partes del agua dulce disponible y lo habitan 200.000 especies de peces.
Dicho esto, es fácil medir la importancia que tiene este ecosistema para la vida de todos los seres que habitamos el tercer planeta. Sin embargo estas estimaciones no parecen hacer mella en el espíritu de codicia de las multinacionales y en el indolente de los lugareños, pues todos a una colaboran para continuar la destrucción de este tesoro de valor incalculable (para no hablar de la generalizada dilapidación de los recursos naturales en todo el planeta): la construcción de la Ruta Transamazónica, a más de haber demandado la destrucción del hábitat natural de cientos y miles de especies, es ahora un camino seguro para quienes se internan para seguir destruyendo; los incendios provocados por granjeros y hacendados en busca de tierras cultivables han llegado a liquidar 80 mil Km2 de jungla por año, con su consiguiente contaminación de 620 millones de toneladas de gases carbónicos, etc.
Todo esto, a más de ser inútil (el suelo del Amazonas es paupérrimo para la siembra común), representa poco menos que un suicidio. La salud del planeta está ya en pésimas condiciones. Ya no es sólo el efecto invernadero provocado por los gases o el enrarecimiento del aire, sino que el mismo Río Amazonas –la mayor reserva de agua dulce– se ve hoy contaminado por el abuso de herbicidas, plaguicidas y fertilizantes, además de los desperdicios imputrescibles que se arrojan en él.
Los grupos ecologistas están intentando detener por todos los medios la degradación, no sólo del Amazonas, sino de todos los recursos naturales; pero, aunque quisieran, no pueden hacer milagros. Por lo mismo, aquí se intentará hacer un pequeño review y, si se quiere, análisis del problema, y, dentro de lo posible, proponer soluciones. Todo esto con el objeto de despertar conciencias, para que no lleguemos al punto de hacer irreversible el daño.
El pulmón del planeta en peligro de muerte
Los incendios y la producción
Los miles de incendios intencionales que se producen día con día destruyen aproximadamente 100 mil Km2 de jungla por año, y lanzan al espacio alrededor de 620 millones de toneladas de gases carbónicos (aproximadamente el 10% de todos los contaminantes presentes en la atmósfera). Las emisiones de dióxido de carbono, óxido nitroso y metano provocan una concentración que actúa como barrera aislante y mantiene el calor de la Tierra provocando el efecto invernadero, al tiempo que contribuye a la destrucción de la capa de ozono. Se calcula que si la destrucción de la selva sigue así, dentro de 50 años los efectos del desastre serán más que notorios: la flora y la fauna estarán tocados de muerte y aún no se puede predecir cuál será el destino del hombre con el aire tan enfermo.
Hoy mismo se hacen sentir los efectos del desastre. El Estado de San Pablo ha eliminado los bosques del 93% de su superficie; la Cuenca del Plata ha perdido 47 millones de hectáreas de las cuales 43 pertenecen al Brasil. Estos datos se vuelven impresionantes cuando se hace la relación deforestación-inundaciones. Las áreas boscosas linderas con los grandes ríos, según un informe de la UNESCO, funcionan en épocas de lluvias como gigantescas esponjas que absorben el agua caída y la liberan lentamente, determinando que el caudal aumente tan sólo en un tres por ciento. Cuando la zona está deforestada, se incrementa en un 97 por ciento y así se producen los aluviones y las violentas inundaciones. Según expresiones de los expertos, "el Brasil está yéndose al mar por el Río de la Plata". También han contribuido al desastre los embalses que, a más de haber cambiado completamente el paisaje del Amazonas, han inundado unos 5.000 Km2 de bosque. Bajo el agua quedaron los hogares de cientos y miles de especies.
Los principales responsables de esta destrucción son los hacendados, que aniquilan todo lo que se oponga a sus proyectos expansionistas: hombre, animal o planta. Las hogueras que devastan el centro de Sudamérica se desatan a razón de ocho mil focos por día, según las fotografías tomadas por los satélites artificiales. Como ya se mencionó, estos incendios se hacen con el objeto de obtener tierras cultivables y para que paste el ganado. Sin embargo, esto es un sacrificio terrible e inútil, puesto que el suelo del amazonas es casi totalmente improductivo, es muy ácido para la siembra común; los hongos que habitan la capa de humus, son totalmente inofensivos para la homogénea vegetación de la jungla, pero son una plaga irremediable para las plantaciones que el hombre programa. En realidad, sólo el tres por ciento de esta región es cultivable, el resto es suelo ácido tropical que no vale nada sin su protección arbórea. Los expertos aseguran que estas tierras pobres en humus pronto se volverán inservibles.
Por esto mismo la productividad de la ganadería extensiva amazónica es nula: para criar una sola vaca se necesitan diez hectáreas; esto es, una producción de alrededor de 40 kilos de carne por hectárea al año. Pésima producción, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, en la Argentina una zona mala como el Salado produce el doble o el triple, y el oeste de la provincia de Bs. As., siete veces más.

Si bien este es el ecosistema más rico, es también el más frágil. El calor y la humedad, permanentes todo el año, permiten el desarrollo de una vegetación perenne de hoja ancha sobre la cual se sustenta la mayor diversidad de especies animales; determinando, al mismo tiempo, que la vida y la muerte se sucedan aquí con una velocidad desconocida en otras latitudes. Los expertos explican que "aquí todo se quema con rapidez sin igual: la materia orgánica que cae sobre el suelo, en lugar de acumularse en gruesas capas de tierra negra en promesa de futuras cosechas como en las pampas húmedas argentinas, vuelve rápidamente a la vida en forma de nuevos organismos vegetales y animales."   

Disponible en: http://www.nodo50.org/pazamazon/ppa_region_amazonica.htm

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